Líquido denso, de aspecto oleoso, incoloro en estado de pureza, de fórmula H2SO4. Es altamente corrosivo y tóxico. Como contaminante atmosférico se origina a partir del dióxido de azufre que proviene de la combustión de combustibles fósiles y se encuentra en forma de aerosol. Su presencia contribuye a la formación de lluvia ácida y, en general, de las precipitaciones ácidas. Las pequeñas gotas de neblina ácida son más difíciles de eliminar de la atmósfera que el dióxido de azufre, tienen mayor tiempo de residencia en la atmósfera; pueden viajar a grandes distancias con el viento. Estas gotas llegan a los alveolos sin modificación y, por lo tanto, tienen un gran potencial de daño.
Albert LA, López Moreno, S, Flores J. Diccionario de la contaminación. México DF: Centro de Ecología y Desarrollo; 1994. (Diccionario de la contaminación)