¿De dónde eres?

Mi familia de Málaga, mi padre nació en Cañete la Real y he vivido desde niña en Granada.

Cuéntanos un poco de tu trayectoria profesional.

Estudié sociología en la Universidad de Granada y en Madrid me doctoré en Antropología Social en la Universidad Complutense. Inicié mi trabajo de investigación en la Escuela Andaluza de Salud Pública. Todavía pertenezco a este organismo andaluz como profesora invitada.  Una vez había presentado mi tesis doctoral comenzó mi trabajo como docente en la Universidad de Granada. En estos momentos soy profesora titular del Departamento de Antropología Social de esta universidad en la cual he desarrollado mi trayectoria profesional académica. Imparto la asignatura Antropología de la Salud, disciplina en la que se sitúa mi docencia e investigación.

Tu trabajo se centra en estudios de género, ¿cómo valorarías la situación actual de la salud de las mujeres en relación con el entorno en el que vivimos? 

Las mujeres en general vivimos peor y tenemos peor salud que los varones a pesar de que nuestra esperanza de vida sea mayor que la de los varones. La sobrecarga emocional y física de los cuidados afecta a las mujeres y tiene consecuencias para la salud.Accedemos en menor medida que los varones a los puestos de responsabilidad y poder y tenemos menores salarios realizando los mismos trabajos.El extremo de la desigualdad de género y la desigualdad más brutal está en la violencia de género. En el mundo, una de cada tres mujeres padecerá una situación de violencia a lo largo de su vida según los datos de la OMS.  Esta situación de desigualdad tiene que afectar a la relación de todas y todos con el medio ambiente y tiene que cambiar por afectar a los derechos humanos.

Con este panorama, ¿dónde consideras que tendrían que tomarse medidas mejorar la situación?

Creo que tenemos que trabajar desde los estudios de género y feministas y mejorar el conocimiento de las desigualdades de género.  Conocer cómo se construye la desigualdad nos permitirá horadar las construcciones patriarcales e iniciar procesos de cambio.  Podemos ser diferentes, pero no desiguales.El primer elemento de cambio en nuestra sociedad tiene que ser mejorar la distribución del tiempo, en los cuidados. Este es un eje fundamental de la desigualdad. Todos los datos de los que disponemos son contundentes:  Las mujeres cuidamos más, disponemos de menos tiempo para nosotras y por ello tenemos peor salud. Hacemos menos deporte y disfrutamos menos del entorno por la desigualdad en el reparto del tiempo.

Relacionado con el género y la salud ambiental, ¿podrías indicarnos qué papel crees que tenemos y tendremos las mujeres para mejorar nuestra calidad de vida?

Las mujeres no tenemos relaciones con la vida y con la naturaleza diferentes a las de los varones. Todos y todas deberíamos mejorar la calidad ambiental y así mejorar la calidad de vida. Estoy segura de que situaciones de igualdad de género permitirán desarrollar mejores sociedades más sensibles a los problemas medioambientales.

¿Algún viaje reciente por motivos profesionales o no profesionales?

Bilbao hace dos semanas. Soy docente de un máster de la Universidad de Deusto. Es una ciudad que demuestra que las políticas públicas pueden mejorar el entorno y hacer la vida más fácil.  No era así cuando inicié estos cursos hace una década y en los últimos años ha conseguido ser un sitio en el que uno sueñe con perderse.

¿Algún libro y/o película que nos recomiendes?

A quien se quiera adentrar en los estudios de género y salud le recomendaría cualquiera de los trabajos de la profesora Teresa Ortiz Gómez de la Universidad de Granada. Han sido inspiración de nuestro desarrollo como investigadores con perspectiva de género y de nuestra apuesta por mirar a la salud desde la desigualdad.  Por ejemplo, «Medicina, historia y género: 130 años de investigación feminista», KRK Ediciones.

Para finalizar, ¿crees que existe un conocimiento en la ciudadanía de la vinculación entre la salud y el medio ambiente que nos rodea?, ¿cómo se podría generar una mayor implicación? 

Imagino que las políticas públicas pueden cambiar actitudes y creencias y hacernos a todos y todas más conscientes de la necesidad de mejorar el medio en el que vivimos y con ello nuestra salud.